La reforma a la salud en un contexto internacional

La reforma a la salud en un contexto internacional
Son pocos los Estados del mundo que hablan de eficiencia. Se requiere alto valor en la prestación de salud.

Por JESÚS BOTERO GARCÍA. Colaboración especial* | Publicado el 13 de noviembre de 2013

En un artículo reciente, el gurú de la competitividadMichael Porter señalaba que los costos insostenibles, el envejecimiento de la población, los avances en la medicina y la creciente participación de pacientes en programas subsidiados, hacen imperativo, en todo el mundo, un cambio radical en los sistemas de salud. Debe pensarse más en lo que necesitan los pacientes que en lo que los médicos hacen; debe pensarse más en los resultados obtenidos en la práctica médica, que en el volumen y rentabilidad de los servicios prestados; y pasarse de un modelo fragmentado de prestadores multipropósito, a un modelo integrado de prestadores de alto valor, coordinados a través de una plataforma informática eficiente.

Pero el énfasis en los resultados y la necesidad de una plataforma integrada no significan necesariamente modelos públicos centralizados de operación del sistema: como bien lo muestran los países nórdicos (que son paradigma del Estado de Bienestar) los mecanismos de mercado permiten afinar el rendimiento del sistema. En Suecia, por ejemplo, la mayoría de los nuevos centros de salud y jardines infantiles son privados, y el Estado permite a los ciudadanos "comprar" el mejor servicio. Tampoco significa dejar de lado las consideraciones financieras, relativas a la sostenibilidad del sistema: no podemos permitirnos un esquema de garantías excesivas de servicio que empobrezca a las generaciones futuras. Es necesario en cambio, fortalecer todos aquellos mecanismos que inducen la eficiencia, bien sea a través de la competencia, o a través de una adecuada supervisión; y mantener un estricto sentido de responsabilidad financiera, que nos permita pagar los servicios que queremos garantizar, sin legar una carga onerosa a nuestros descendientes.

La eficiencia es la clave de un sistema que, como el de salud, muestra comportamiento tan disímil en el mundo: mientras los países nórdicos dedican cerca de un 10 por ciento del PIB a gastos en salud, con resultados de cobertura y calidad del servicio muy satisfactorios, otros países dedican hasta el 18 por ciento, con resultados insatisfactorios, como es el caso de Estados Unidos. Fomentar la eficiencia, controlar las imperfecciones de mercado y supervisar adecuadamente las prácticas del sector, son sin duda prioridades del esquema.

La otra prioridad del esquema es definir con precisión el núcleo básico de servicios que se quieren garantizar. La experiencia chilena (que define con precisión garantías explícitas en salud para un conjunto priorizado de programas, enfermedades o condiciones de salud) puede ser ilustrativa al respecto.

Por último, el control de la corrupción es un formidable reto, por la diversidad de agentes involucrados en el sistema y la heterogeneidad de intereses que esos agentes representan. Sin embargo, cabe anotar que la corrupción florece en los sistemas, sólo cuando éstos han sido mal diseñados y su mecanismo de supervisión es ineficiente. La forma como las falencias del sistema generan corrupción, queda bien ilustrada con el ejemplo de los servicios no POS en Colombia, que nunca fueron debidamente integrados al sistema, y en los que la falta de decisión política para darles un manejo formal y estructurado llevó al desbordamiento financiero del sistema y al despliegue de variadas conductas oportunistas por parte de algunos agentes. Mas el comportamiento irregular de algunos operadores privados en un sistema débilmente estructurado, no elimina el hecho fundamental de que la búsqueda legítima del lucro sigue siendo el más poderoso acicate para la eficiencia. Parodiando a Smith (Adam ) un paciente está más seguro en manos de un médico experto que salvaguarda su reputación para alcanzar un lucro legítimo, que a merced de la benevolencia de un burócrata que atiende una agenda mixta de intereses públicos y personales. Así que más que satanizar al sector privado, lo que se requiere es diseñar minuciosamente el sistema, estableciendo incentivos adecuados, limitando conductas oportunistas y ejerciendo una supervisión eficiente del mismo.

*Docente de la Universidad Eafit.

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